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sábado 1 de agosto de 2009
lunes 29 de junio de 2009
EL MITO DEL SEXO SEGURO
Unos ejemplos de cómo la razón y la fe van de la mano en una cuestión de moral sexual:El Dr. Raúl Cantella habla del sida y del sexo seguro.
Los indios piensan como el Papa respecto al preservativo...
... y el mayor experto sobre el sida en Harvard también.
lunes 25 de mayo de 2009
AYUDA CONDICIONADA (2)
Para completar el tema sobre la ayuda condicionada pueden leer (en español) la entrevista realizada a Jean-Claude Faure, Presidente del Comité de Ayuda al Desarrollo de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE/CAD).
P ¿Se considera hoy que la ayuda «vinculada», o condicionada, es «políticamente incorrecta»?
R No cabe decir que toda la ayuda condicionada es «mala», o que toda la ayuda no condicionada es «buena». Ahora bien, cediendo a los argumentos en favor de la ayuda no condicionada, desde hace algún tiempo los donantes han venido incrementando el peso relativo de esta forma de ayuda en sus programas. De hecho, la práctica consistente en poner condiciones a la ayuda es ahora incompatible con la nueva filosofía de la cooperación para el desarrollo, definida en la estrategia del CAD de 1996, Shaping the 21st Century: The Contribution of Development Cooperation.
Valga recordar que, tras un aumento notable de la ayuda no condicionada a comienzos de los años 1990, su proporción en el total de la ayuda bilateral no ha variado desde 1997. Esto obedece a que algunos grandes donantes prestaron grandes volúmenes de asistencia técnica condicionada en 1998 y 1999.
P ¿Tomarán los donantes como pretexto la ayuda no condicionada para reducir la asistencia que prestan a los PMA?
R Los donantes miembros de la OCDE manifestaron que la aplicación de la Recomendación no les iba a llevar a reducir su ayuda a los PMA.
P ¿Cuál ha sido la reacción de los organismos de compra de suministros de ayuda ante la política de desvinculación de la ayuda?
R Las empresas también han manifestado interés por la desvinculación de la ayuda en un marco multilateral dotado de disposiciones creíbles en cuanto a transparencia y control. Para las más competitivas, el acceso a la masa combinada de ayuda no condicionada será más beneficioso que el acceso restringido al mercado de los fondos nacionales de ayuda condicionada.
P ¿Se propone la OCDE definir reglas uniformes para las compras públicas? ¿En tal caso, no se favorecerá el dominio del mercado por las multinacionales de los países ricos?
R No exactamente. Para los miembros del CAD, un elemento importante de esta iniciativa consiste en reforzar la responsabilidad de los países beneficiarios en el campo de las compras, al amparo de las garantías correspondientes de eficacia, rendición de cuentas, probidad y transparencia. También comparten el objetivo de promover las compras en los mercados locales y regionales. Los miembros del CAD ayudarán a los países beneficiarios a determinar sus necesidades y respaldarán sus esfuerzos en ambas vertientes.
P ¿Se aplicarán sanciones a los miembros de la OCDE que no cumplan la Recomendación?
R No, la OCDE aplica un enfoque de «persuasión entre compañeros», que ha demostrado su eficacia. Además, los países de la OCDE sólo firman las recomendaciones que se proponen llevar a la práctica.
P ¿Tratarán la OCDE y el CAD de ampliar el ámbito de aplicación de la Recomendación a todos los países en desarrollo?
R La Recomendación será objeto de revisiones periódicas. Sin duda, algunos donantes y muchos países en desarrollo reclamarán la ampliación del ámbito de los programas.
Que esta reivindicación sea aceptada por los donantes menos favorables a la desvinculación dependerá en gran medida de la eficacia de la Recomendación.
P ¿Promoverá la OCDE las compras a empresas de países en desarrollo?
R Los miembros de la Organización consideraron que no sería correcto eliminar un factor de distorsión para introducir otro.
P ¿Tomarán la OCDE y el CAD iniciativas para apoyar a los países en desarrollo en sus esfuerzos por entrar en el mercado de las compras institucionales?
R El CAD ha convenido en que la compra directa de bienes y servicios por los países beneficiarios es un elemento esencial de las iniciativas más generales encaminadas a promover el compromiso y la responsabilidad compartidos y la eficacia de la ayuda. A fin de determinar cuáles son para los donantes las áreas prioritarias de ayuda, es primordial comprender claramente las dimensiones del problema y los niveles mínimos que deben cumplirse para realizar los objetivos de este trabajo. Dicha evaluación contribuirá a sentar las bases del debate futuro que fijará las directrices para los donantes.
Desde ya, se ha emprendido un estudio sobre las repercusiones que los requisitos de rendición de cuentas de los donantes tendrán sobre los sistemas de compras de los países beneficiarios, y sobre los medios de promover un acceso más amplio de las empresas de países en desarrollo a las posibilidades comerciales del mercado humanitario. Los resultados del estudio se presentarán al CAD en noviembre de 2001.
Entrevista a Jean-Claude Faure, Presidente del CAD de la OCDE, realizada por Jean Milligan, redactora asociada de Forum.
El Sr. Faure supervisa las actividades del CAD, órgano de la OCDE mediante el cual los países donantes aseguran la eficacia de sus esfuerzos por impulsar un desarrollo económico y social sostenible.
sábado 23 de mayo de 2009
AYUDA CONDICIONADA
Es de sobras conocido que los organismos internacionales condicionan la ayuda económica imponiendo ciertas opciones éticas. Cuando la condición es que el gobierno del país no sea corrompido (“bon gouvernance” = “buena gestión”), entonces esa condición me parece algo positivo. Pero me he enterado, a través de la conferencia que nos dio un especialista en demografía, de que estos organismos internacionales aprovechan las campañas de vacunación (contra el tétanos, por ejemplo) de las mujeres embarazadas para incorporar en la misma vacuna métodos de esterilización a largo plazo. Esta parece ser una nueva forma de imponer el control de natalidad.Por otra parte este especialista puso seriamente en duda el dogma “más población=menos desarrollo”, presentando este factor más bien como algo neutro y que depende más bien de la coyuntura y de las opciones político-económicas. Es normal que los países desarrollados quieran menos población en los países en vía de desarrollo (o subdesarrollo), así es más fácil parar la avalancha migratoria.
En todo caso, las nuevas estrategias de la OMS implican un conjunto de medidas globales que buscan coordinar mejor los esfuerzos para mejorar las infraestructuras sanitarias y la lucha contra las pandemias; esto en sí es positivo, aunque hay que estar atentos a las imposiciones ideológico-prácticas que vienen incluidas “por el mismo precio”.
Aquí les dejo, en francés, parte del discurso de la Directora General de la OMS, Doctora Margaret Chan, en la apertura de sesión n° 57 del Comité Regional de la OMS para el Africa (Anexo 11, pag. 187 ss), donde nos muestra cuáles son las estrategias previstas por la OMS.
Premièrement, gérer d’une manière intégrée les maladies qui s’imbriquent les unes dans les autres.
La stratégie de l’OMS pour la Prise en charge intégrée des maladies de l’enfant est un bon exemple à cet égard, comme le reconnaît la Stratégie africaine de la Santé.
Cette approche est fondée sur l’hypothèse que la plupart des décès des enfants sont dus à un nombre restreint de causes qui peuvent être évitées grâce à un nombre tout aussi restreint d’interventions présentant un bon rapport coût/efficacité. Elle permet de s’attaquer d’une manière intégrée à ces causes, y compris la malnutrition, en utilisant des protocoles de traitement standardisés. Elle garantit des soins cliniques de première qualité, selon l’approche de santé publique et conformément aux principes des soins de santé primaires.
À cet égard, je mentionnerai un deuxième exemple. L’année dernière, l’OMS a lancé une stratégie intégrée de prise en charge de plusieurs maladies tropicales négligées touchant de façon disproportionnée les plus pauvres des pauvres en Afrique.
Au lieu de plusieurs programmes distincts, mis en oeuvre séparément, nous avons maintenant une stratégie unifiée et intégrée qui simplifie la distribution des médicaments, tout en réduisant le double emploi et une partie de la charge de travail des systèmes et du personnel de santé.
Deuxièmement, prendre en charge les maladies selon une approche intégrée.
Nous sommes conscients de la confusion et des gaspillages auxquels l’on assiste lorsque divers partenaires s’attaquent à la même maladie en utilisant des approches et des médicaments différents.
Une stratégie clairement définie du point de vue technique, fondée sur des bases factuelles, est la meilleure façon de convaincre les partenaires de conjuguer leurs efforts selon une approche cohérente.
Tel a été le cas avec les principes des «Trois‐Uns» pour la lutte contre le VIH/sida et la DOTS pour la lutte contre la tuberculose. Tel est enfin le cas maintenant pour le paludisme.
Au début de l’année dernière, l’OMS a publié des orientations claires pour l’utilisation des associations thérapeutiques à base d’artémisinine, et a demandé à l’industrie de retirer les monothérapies du marché. L’OMS a appuyé de son autorité la pulvérisation rémanente de DDT à l’intérieur des habitations.
Il y a tout juste dix jours, l’OMS a clos le débat sur la meilleure méthode de distribution des moustiquaires. Les moustiquaires imprégnées d’insecticide à effet rémanent doivent être disponibles, à titre gratuit ou à prix subventionnés. L’objectif visé devrait être la couverture la plus large possible par cette intervention.
Troisièmement, rendre les systèmes de prestation existants plus performants dans la lutte contre la maladie.
Les programmes de vaccination font généralement un très bon travail en assurant des prestations aux populations des zones difficiles d’accès. C’est une bonne idée d’utiliser ces programmes pour des prestations supplémentaires.
L’Afrique a été à l’avant‐garde du combat contre la rougeole. En six ans, la mortalité rougeoleuse sur le continent a baissé de 75 %, chiffre supérieur à la cible fixée.
Cet acquis est maintenant une valeur ajoutée ayant un effet multiplicateur en faveur de la santé. En Afrique, les campagnes contre la rougeole sont aussi l’occasion d’entreprendre la distribution de moustiquaires et de vermifuges, de promouvoir la supplémentation en vitamine A et la vaccination contre la poliomyélite, et d’administrer le vaccin antitétanique aux femmes enceintes.
Quatrièmement, avoir à l’esprit les principes des soins de santé primaires.
La leçon apprise de notre expérience, pendant trois décennies, est que ces principes sont les meilleures balises de la voie menant à des soins viables, équitables et acceptables. La stratégie du traitement sous directives communautaires, arrêtée pour garantir une distribution viable de l’ivermectine, est un bon exemple à cet égard.
Sur la base de cette approche, les communautés assurent maintenant la distribution de moustiquaires, la supplémentation en vitamine A et la distribution d’antipaludéens pour le traitement du paludisme à assise communautaire, en plus de la distribution de l’ivermectine.
Les essais en cours en Ouganda montrent que les taux de couverture sont de deux à quatre fois plus élevés qu’auparavant. Lorsqu’elles bénéficient d’un appui approprié, les communautés prennent ellesmêmes en charge leur santé, et les résultats sont impressionnants et durables.
Nous avons appris une autre leçon à ce sujet. Les campagnes d’élimination de la cécité des rivières étaient au départ les programmes les plus verticaux que l’on puisse s’imaginer : des hélicoptères déversaient des insecticides du ciel. Dans sa quête de durabilité, ce programme a maintenant adhéré aux principes des soins de santé primaires.
La cinquième stratégie est étroitement liée à ces principes : renforcer le pouvoir des femmes pour que celles‐ci réalisent leur potentiel humain et vivent la vie qu’elles désirent.
La réalisation de ces aspirations passe par la mise en place de programmes de micro‐finance, d’éducation, de formation professionnelle, d’élaboration de lois et d’autres approches.
Il est amplement démontré que la vie que désirent vivre les femmes est une vie saine aussi bien pour elles‐mêmes que pour leurs familles respectives. Comme je l’ai dit, les femmes ne sauraient être considérées seulement comme un groupe vulnérable, une source gratuite de soins. Les femmes sont des agents du changement et une source cruciale de développement durable.
Enfin, l’utilisation des instruments internationaux pour renforcer la défense collective contre les menaces pour la santé qui transcendent les frontières. Ces menaces sont, entre autres, la commercialisation et la distribution des produits du tabac, et la propagation internationale des maladies émergentes et à potentiel épidémique.
miércoles 29 de abril de 2009
LA BUSQUEDA DE FRANCISCO JOSE SOLER GIL (II)
Aquí tienen la segunda parte del artículo del profesor Soler Gil. Les dejo también algunos vínculos por si quieren informarse de los cuatro libros que ha publicado hasta ahora:
"Aristóteles en el mundo cuántico" (2003)
"Dios y las cosmologías modernas" (2005)
"Dios o la materia?" (2008)
"Lo divino y lo humano en el universo de Stephen Hawking" (2008)
Un alto en el camino, al cumplir los 40 años (II)
(Segunda parte de este artículo)
Francisco José Soler Gil
Technische Universität Dortmund
2. Dios
Cambiemos de tema. Muchas veces he pensado que los que comenzamos a ir a la escuela hacia mediados de los años 70, tuvimos la ocasión de realizar una experiencia privilegiada: pues, en cuestión de poco tiempo, pasamos de recibir una educación basada en una determinada imagen del mundo, a recibir otra en todo diferente y opuesta a la anterior. A mí, en todo caso, esta experiencia me marcó profundamente. ¿Qué hacer cuando padres y maestros te educan un año desde coordenadas religiosas, con todo tipo de festividades católicas en el colegio, clases de religión etc., y al cabo de poquísimo tiempo todo eso desaparece de la escuela, y uno pasa a un instituto en el que casi todos los profesores presumen de ateísmo y se burlan más o menos abiertamente de la religión?
Mi primera reacción fue una mezcla de interrogación −“¿quién tiene razón en todo esto?”− y de escepticismo −“en este asunto nadie sabe nada”−. Como consecuencia, en los años de mi adolescencia leí todo lo que me llegó a las manos sobre estas cuestiones relacionadas con Dios y con la religión. Ahora bien, lo que llegó a mis manos fue, sobre todo, Dawkins, Bertrand Russell, Hume, Freud etc., que eran los libros de bolsillo que uno podía comprar en los quioscos los domingos. Con lo que ya se puede imaginar hacia dónde me fui inclinando. Además, el hecho de que mis profesores fueran en su mayor parte ateos o agnósticos constituía un factor decisivo: la conclusión evidente era que, en cuanto uno estudia, deja la fe.
De manera que, como era previsible, hacia los catorce años ya no creía ni en las enseñanzas de la Iglesia, ni en Dios, ni en nada. Más aún, todo eso se me antojaba una absurda reliquia de otras épocas. Pese a lo cual, seguí yendo a misa los domingos, aun cuando hasta las imágenes y la decoración de los templos me parecieran ridículas.
¿Por qué iba entonces? Bueno, aún recuerdo un pasaje de un libro de Hume que leí por aquel entonces, y que ahora no me voy a molestar en buscar, en el que alababa el hecho de que los antiguos epicúreos, pese a su escepticismo, participaran en las ceremonias religiosas como expresión de pertenencia a su comunidad, etc. En mi caso era algo de eso: la tradición como factor de unidad comunitaria.
Supongo que así habría seguido, de no haber tenido ocasión de hacer una nueva experiencia decisiva. Y esa experiencia fue residir, al llegar a la universidad, en un colegio mayor del Opus Dei.
Antes que nada, le aclaro que no soy miembro del Opus Dei, ni de ningún otro movimiento eclesial, sino un simple parroquiano de la iglesia de Herz Jesu en Lübeck, sin ninguna vinculación con nadie en la Iglesia más allá de mi párroco. No porque no quiera vincularme con nadie, sino, simplemente, porque hace ya más de una década que vivo en una región donde la Iglesia Católica constituye una pequeña minoría (¡aunque muy viva!). Pero mi estancia en ese colegio mayor durante mis primeros años de estudiante fue decisiva, porque por primera vez en mi vida tuve ocasión de conocer a gente que tenía tanta o más preparación cultural que mis profesores del instituto, y, sin embargo, eran cristianos. Esto, a los 18 años, me parecía imposible. Ya lo había descartado hacía 3 o 4. Por tanto, algo había que no encajaba en mi diagnóstico de la cuestión religiosa.
La consecuencia fue que me puse otra vez a leer, pero esta vez no sólo a los autores de antes (aunque también: recuerdo que por aquella época leí mucho de Nietzsche), sino también filósofos cristianos, padres de la Iglesia, textos del magisterio etc... y el Evangelio, y comentarios del Evangelio. Que, al final, fue la lectura decisiva.
Supongo que en cada proceso de conversión al cristianismo hay un elemento interno esencial −yo diría que un encuentro− que no se puede explicar fácilmente. De modo que no lo voy a intentar siquiera. Lo que sí que puedo decir es que, una vez que me decidí a adoptar la perspectiva cristiana, comprobé que numerosísimos aspectos y experiencias de mi vida, que hasta el momento no sabía cómo situar, ni qué pensar de ellos, de repente encajaban unos con otros, y formaban un todo con sentido: la música (¡tan importante para mí!) ya no era simplemente un conjunto de sonidos, sino el reflejo de una belleza objetiva; la ley moral no era tan sólo cuestión de convención o evolución −que también−, sino que tenía un fundamento; tenía sentido hablar del bien y del mal; tenía sentido hablar de libertad y, sobre todo, la vida humana adquiría un carácter valioso y sagrado. Poder mirar el mundo desde estas claves constituyó para mí una auténtica liberación. Y el paso de los años no ha hecho más que confirmarme en ello. Por eso, hoy estaría dispuesto a asegurar que la vida del cristiano es más rica y más plena que la de una persona encerrada en la perspectiva materialista.
Como usted sabe, he escrito algunos libros sobre la relación entre la cosmología y la teología natural. Pero, si se fija, verá que todos ellos datan de una fecha posterior a 2003. Es decir, diez años después de lo que le he contado hasta ahora. Y la razón de esto es que, hasta que comencé mi proyecto postdoctoral no creía que pudieran relacionarse ambas disciplinas. Como ya he escrito algo más arriba, Bertrand Russell fue una de mis lecturas juveniles. Y uno de los puntos que más convincentes me resultaban de él era su rechazo de la cuestión de la causa del universo (por ejemplo, la argumentación que hizo en este sentido en su famosa discusión con el padre Copleston): Aunque todo hombre tenga una madre, ¿ha de tener la humanidad una madre? Aunque toda cosa tenga una causa, ¿ha de tenerla el universo?
Durante muchos años me pareció que esta argumentación era inapelable. Por supuesto, uno podía seguir creyendo que el universo tenía una causa, y que esa causa era Dios. Pero no había un motivo interno en el universo, basado en el principio de causalidad, que obligara a pensar que hay algo más que el universo.
Sin embargo, dejé de creer en el planteamiento de Russell cuando me puse a estudiar los modelos de la cosmología actual. Pues bastaba un mínimo análisis para darse cuenta de que estaban describiendo una entidad del mismo tipo que cualquier objeto físico dentro de él. Por lo tanto, no se podía frenar la pregunta por el fundamento al nivel del universo. ¿Se podía hablar de una caden infinita de universos? Sin duda, pero si la cadena no contenía cualquier cosa concebible (lo que nos llevaría a un mundo en el que todo puede ocurrir, como en el caso del multiverso extremo), poseería una estructura determinada en cuanto tal cadena, y se le aplicaría por ello la misma categoría de objeto que a sus miembros.
No voy a entrar ahora en los detalles de estas reflexiones. Tan sólo le escribo que, desde ese momento, comencé a estudiar las posibles conexiones entre cosmología y teología natural, y llegué a la conclusión, en la que me mantengo hasta ahora, de que la imagen del cosmos como creación y la actual imagen física del universo, encajan como anillo al dedo. Los detalles de estas reflexiones los he presentado en «Dios y las cosmologías modernas», «¿Dios o la materia?» y «Lo divino y lo humano en el universo de Stephen Hawking».
En estos momentos, en los ratos libres que me quedan (y que, por desgracia cada vez son menos) estoy preparando el que tal vez el último libro de esta serie cosmológico-teológica, en el que además de presentar algunos de los modelos del multiverso más destacados (desde Vilenkin a Tegmark) argumento en favor de la tesis de que el multiverso no proporciona ninguna explicación al dato del ajuste fino del universo. Salvo que adoptemos la versión extrema del multiverso de Tegmark, que es inviable (¡muy a mi pesar!) por toda una serie de razones que le ahorro ahora −porque este texto ya ha quedado demasiado pesado−, pero de las que tal vez tengamos ocasión de hablar más adelante, por ejemplo cuando publique el libro.
Termino. Cuando usted me pidió que escribiera este texto, creo recordar que lo hizo pensando en publicarlo en su blog. Por la extensión del mismo supongo que no será posible. Pero no pasa nada, quédeselo como una carta personal.
Un fuerte abrazo en Cristo:
Francisco José Soler Gil
Etiquetas: filosofía, Física, Testimonio
jueves 16 de abril de 2009
UN ALTO EN EL CAMINO AL CUMPLIR LOS 40 AÑOS
[Tengo la alegría de presentarles el testimonio del recorrido existencial-intelectual del profesor Francisco José Soler Gil. El artículo estará dividido en dos partes dado su extensión. Gustará especialmente a los interesados en establecer relaciones entre la ciencia y la filosofía, y entre la ciencia y la fe (también veremos cuáles son los últimos avances de las investigaciones en cosmología). Que lo disfruten. Y gracias al profesor Soler Gil por su disponibilidad y colaboración.]
Un alto en el camino, al cumplir los 40 años
Francisco José Soler Gil
Technische Universität Dortmund
Cuando me pidió usted, hace ya bastantes meses, que escribiera un texto sobre mi trayectoria intelectual, lo primero que pensé es que a mi edad no se puede hacer una cosa así. Y menos en filosofía, que es una actividad en la que, por lo general, las aportaciones dignas de tener en cuenta se realizan en la madurez. Ahora bien, como usted sabe, acabo de cumplir los 40 años, que es un momento en el que dicen los expertos que se atraviesa no sé qué crisis existencial. Yo, de momento, aún no he notado tal cosa. Pero he estado pensando que, de todas maneras, quizá no sea una mala ocasión para hacer un alto en el camino, y pararme un poco a reflexionar sobre el trayecto recorrido hasta hoy.
En cualquier caso, antes de hablarle de mi evolución, tal vez sea conveniente que le haga referencia a lo que se ha mantenido constante en todo este tiempo:
Desde niño (desde bien niño) ha habido unas cuantas preguntas que me han dado vueltas y más vueltas en la cabeza, y que han motivado todo lo que he hecho y todo lo que he estudiado hasta ahora: ¿Qué es todo esto? ¿Qué es el universo? ¿Y qué hago yo aquí? ¿Es el universo todo lo que existe, o tiene un fundamento? ¿Es Dios? ¿Hay en la naturaleza indicios de Dios? ¿Y cómo acaba esta historia? ¿Es la muerte la última frontera? ¿O puedo esperar algo más allá? ¿Qué es la muerte?
Estas preguntas me han intrigado, me han atormentado, me han perseguido a través de los años. Y he tratado de leer cuanto me ha llegado a la mano de todos los que han escrito algo sobre ellas. Sin duda han sido ellas el motor de mis indagaciones hasta ahora, y supongo que seguirán siéndolo en lo sucesivo. El que no ha podido dejar de preocuparse por tales cuestiones en 40 años, no creo que pueda ya dejar de hacerlo.
Ahora bien, sobre las cuestiones relacionadas con la muerte, prefiero no comentarle nada. No porque guarde ningún secreto, sino porque apenas si he avanzado algo en ellas. Tan sólo le apuntaré que ninguno de los argumentos sobre la inmortalidad del alma que he leído me han parecido convincentes. Y mucho más convincente me parece la idea de que, con el cuerpo, se destruye también la conciencia. Por eso, si, a pesar de todo, ha de haber una esperanza para nosotros más allá de la destrucción definitiva en pocos años, creo que ésta sólo puede venir de la misericordia de Dios, que conoce nuestra sed de vida. A ella me acojo.
En cuanto al resto de los asuntos, creo que pueden dividirse en dos apartados, uno dedicado a la evolución de mis ideas acerca del mundo físico, y otro dedicado a Dios.
1. El universo
Mi primera intención fue convertirme en astrofísico, y por eso comencé a estudiar física en Granada, hace ya más de veinte años. Pero, conforme avanzaba en la carrera, me fui encontrando con preguntas cada vez más acuciantes sobre el tipo de conocimientos que estaba adquiriendo. La física ¿describía la estructura real del mundo? ¿o proporcionaba nada más que un conjunto de herramientas conceptuales útiles para proporcionarnos un cierto control sobre fenómenos cuya esencia desconocemos? Estas preguntas se hicieron más y más urgentes al tropezarme con la mecánica cuántica, hasta que, al final, decidí que no podía seguir el camino que me había trazado inicialmente, y abandoné mis planes astrofísicos por la filosofía.
En el departamento de filosofía de la universidad, me encontré, para decirlo claro, con un ambiente muy decepcionante. Para la mayoría de los estudiantes y los profesores (de entonces) las ciencias naturales constituían una especie de saber de segundo orden, del que no merecía la pena ocuparse mucho. Pues, por lo visto, ellos poseían un saber mucho más profundo de la realidad, aunque, al cabo de los años de mi carrera, no logré averiguar en qué consistía. No sé si esto ha cambiado, o no, ni si en todos los departamentos de filosofía de nuestro país domina la misma mentalidad. Pero, si siguen así, me parece que van derechos hacia una vía muerta. La filosofía −de eso estoy completamente seguro− no puede hacerse al margen de la ciencia. La filosofía no es tampoco mera divulgación científica, desde luego, pero su reflexión debe arrancar de un conocimiento preciso de la naturaleza. Si no, se pierde en palabrería.
Aún así, algo aprendí, sobre todo acerca de la historia del pensamiento, y de algunas nociones ontológicas clave. Pero, al margen de los estudios oficiales, seguí dándole vueltas a mis preocupaciones. Una de las que más me intrigaban era la cuestión de la interpretación de la mecánica cuántica. En aquel momento yo era muy crítico con Bohr y, en general, con la interpretación de Copenhague, y me parecía por ejemplo que la dualidad onda-corpúsculo era una atrocidad incomprensible. Me atraían en cambio los planteamientos de John Bell, y veía en su defensa de la interpretación de Bohm la clave para formular la teoría de una forma realmente comprensible, y libre de contradicciones. Hoy ya no lo veo así, y mi entusiasmo por la interpretación de la onda piloto es más o menos nulo, pero creo que no me vino mal empezar a aproximarme a estas cuestiones de la mano de Bell. Pues la claridad de sus planteamientos resulta muy útil en un tema tan embrollado como éste.
En todo caso, al obtener mi licenciatura de filosofía, me surgió la oportunidad de venirme a Alemania a hacer la tesis doctoral con uno de los mejores especialistas que hay en este país sobre estos asuntos de filosofía de la física: el profesor Manfred Stöckler. Y no la desaproveché.
No le voy a hacer perder el tiempo con reflexiones sobre mi tesis «Aristóteles en el mundo cuántico» −que además, ya ha leído−, tan sólo apuntaré que el asunto principal de la misma era el de las implicaciones ontológicas de la teoría cuántica en relación con las nociones de «objeto» e «individuo». Se suele decir que la teoría cuántica es incompatible con la idea de individualidad, con la noción de sustancia, y cosas así. Pero, al final, llegué a la conclusión de que los que realizan tales afirmaciones se están fijando en unas nociones muy particulares de individuo y de sustancia, dentro del abanico de las que se han venido proponiendo a lo largo de la historia de la filosofía −al final, para algo me sirvió hacer la carrera−.
Para ir cerrando este punto de la mecánica cuántica le diré que, hoy por hoy, me parece que el problema principal con esta teoría es, simplemente, que su formalismo matemático se puede interpretar de muchas maneras muy diferentes, siendo así que ninguna de las interpretaciones posee ventajas decisivas sobre sus competidoras. Por eso, no sabemos bien a qué atenernos con ella. Pero lo que también me parece, entretanto, es que la acusación de antirrealismo que se suele hacer contra la interpretación de Copenhague no es correcta, y que ésta interpretación sigue siendo, en la actualidad, la que menos aspectos contraintuitivos conlleva. Lo que no necesariamente implica que sea correcta...
En cualquier caso, un desarrollo natural de la línea de investigación que había comenzado consistía en aplicar las reflexiones de mi tesis al universo como un todo, considerado como un objeto cuántico. Éste es el objeto del que trata la cosmología cuántica, y de ahí que dedicara mi proyecto de investigación postdoctoral (también realizado en Bremen) a analizar los aspectos ontológicos del modelo más conocido de la cosmología cuántica: el modelo cosmológico de Hartle y Hawking. Como resultado de la investigación, publiqué en 2007 un extenso trabajo en dos partes en la revista alemana Philosophia Naturalis.
No merece la pena entrar en los detalles de ese trabajo, pero sí le diré que estudiando las posibles cuantizaciones de la gravedad caí por primera vez en la cuenta de algo que no había percibido ni en los estudios de licenciatura ni en el doctorado, a saber: la enorme diferencia que hay entre la experiencia humana de la temporalidad y la representación del tiempo que nos ofrece la física. No le exagero si le confieso que, entretanto, me parece mucho más intrigante la cuestión del tiempo, que se plantea ya desde la formulación de las teorías de Einstein −aunque de forma mucho más problemática aún en los esbozos de las posibles teorías de gravitación cuántica−, que muchos de los misterios que se asocian con la teoría cuántica. Y como hasta ahora no he podido entrever por dónde podría ir alguna solución, pues al menos he descrito por extenso mis dificultades al respecto en la tercera parte del libro «Lo divino y lo humano en el universo de Stephen Hawking».
Sea esto como fuere, lo bueno es que, por vía de la cosmología cuántica, por fin pude volver a ocuparme de las cuestiones sobre el universo, que es, como le indiqué al principio, una de mis obsesiones particulares. Estudiando los temas de filosofía de la cosmología, me interesé por la cuestión del debate entre realismo e instrumentalismo como marcos interpretativos de los modelos cosmológicos. ¿Qué rasgos de un modelo determinan que se prefiera una interpretación realista del mismo (como una descripción de la estructura real del universo) o más bien una interpretación instrumentalista (como una mera herramienta de cálculo que nos permite codificar una serie de fenómenos)? Y llegué a identificar una serie de factores que, a lo largo de la historia, han inclinado a los cosmólogos a posiciones realistas o instrumentalistas, según se den o no.
El tema, por lo visto, preocupa a bastantes especialistas, y tanto mis amigos del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) como los organizadores del encuentro anual de la Sociedad Alemana de Física (DPG) de este año me han invitado a dar conferencias sobre el asunto. Por si le interesa, le apunto que encontrará en internet una versión ampliada de mi conferencia en el IAC en la revista de filosofía Thémata [«Modelos cosmológicos: ¿ficciones útiles o descripciones realistas del universo?» (2007)]. Este artículo se encuentra también disponible en la página web del Instituto de Astrofísica de Canarias.
A raiz de mi contacto con algunos astrofísicos del IAC comencé a estudiar también con cierto detalle la hipótesis del multiverso (es decir, la hipótesis de que nuestro universo descrito por la cosmología estándar es un miembro de un conjunto de universos, o un dominio particular dentro de una realidad física mayor). Como contribución a esta línea de trabajo el profesor Miguel Sánchez (del departamento de topología de la Universidad de Granada), Antonio Bernal (también de la Universidad de Granada) y yo hemos escrito un breve artículo argumentando que el número de estructuras matemáticas del tipo que describiría algo así como un espaciotiempo clásico en el multiverso matemático de Max Tegmark podría ser muy reducido (y no arbitrariamente grande, como se suele suponer). Y el motivo es que tanto el espaciotiempo de Newton como el de la física relativista pueden considerarse como variantes de una estructura matemática que sólo tiene otras dos variantes más. Hemos publicado provisionalmente el artículo en ArXiv, con el título «Physics from scratch. Letter on M. Tegmark’s ‚The mathematical universe’». El artículo ha tenido un cierto éxito, porque tanto el propio Max Tegmark como el cosmólogo John Barrow y algunos otros, nos han enviado comentarios.
De todas maneras, y aunque ese artículo ha sido mi tributo particular a la idea de un cosmos plenamente identificado con las matemáticas −muy en la línea de la venerable tradición pitagórica−, lo cierto es que, desde mi choque con la realidad del tiempo y sus dificultades de expresión en física, ya no puedo ser realmente pitagórico, ni puedo creer en el multiverso de Tegmark. (Y mire que lo siento...). Sin embargo, algunas versiones más moderadas de la idea del multiverso, como la de Vilenkin, por ejemplo, no deberían despreciarse sin más. Es un tema que habrá que seguir de cerca en los próximos años.
Termino este apartado, dedicado a mi intento de entender algo mejor qué es la realidad en la que estamos metidos, haciendo referencia a un proyecto en la Universidad de Dortmund al que estoy a punto de incorporarme. Resulta que en esta universidad hay un grupo de investigación interdisciplinar formado por astrofísicos de partículas y filósofos de la cátedra de filosofía de la ciencia. Y los responsables de dicho grupo se pusieron en contacto conmigo para ofrecerme la participación en una investigación acerca del modo en que los modelos que se manejan en la astrofísica de partículas podrían contribuir de cara a la tan ansiada como esquiva unificación de la física. La idea me pareció muy atrayente, y acepté, cambiando así de universidad. Lo que más me atrae del asunto es lo siguiente: Cuando estudié el modelo de cosmología cuántica de Hartle y Hawking, así como otros intentos del mismo programa de investigación, había llegado a la conclusión de que las investigaciones sobre el posible comportamiento cuántico de la gravedad no tenían un futuro muy prometedor. Hay demasiadas propuestas teóricas, demasiados modelos, y ningún resultado experimental al que agarrarse. Y así desde hace ya casi medio siglo. Y no parecía que la situación fuera a mejorar, puesto que existe el convencimiento general de que, aunque la gravedad se rija por una teoría cuántica, los efectos sobre la estructura del espaciotiempo sólo se notarían a la escala de Planck. Pero esa escala es tan increíblemente pequeña que haría falta construir aceleradores de partículas del tamaño de todo el sistema solar para detectar los fenómenos que tienen lugar en ella. Por eso, llegué a pensar que en este asunto nunca se iba a poder sacar nada claro.
Sin embargo, varios investigadores que trabajan en el terreno de la astrofísica de partículas me han convencido de que queda abierta una posibilidad para salir de este punto muerto, y es justo estudiando algunos de los objetos de los que ellos se ocupan. Pues aunque nosotros no podamos construir aceleradores de partículas mucho más grandes que el LHC, en la naturaleza existen aceleradores mucho mayores. Los blasares, por ejemplo. Imagínese la posibilidad de recoger informaciones de un acelerador que acelere partículas a lo largo de una distancia de varios miles de años luz. Es formidable el potencial de información que podría recabarse de estos objetos, si se dispone de receptores adecuados. Y en parte ya existen, y se están mejorando. Se trata sobre todo de los telescopios cherenkov, como el MAGIC, instalado en el observatorio de La Palma. De hecho, hace tres años el equipo MAGIC anunció que en los rayos gamma provenientes de una erupción del objeto Markarian 501 habían detectado lo que podría interpretarse como una violación de la invariancia de Lorentz, pues es como si los rayos gamma de distintas energías hubieran llegado en momentos diferentes. ¿O fueron en realidad tres fenómenos diferentes en la fuente? No se sabe todavía. Pero podríamos hallarnos ante el primer indicio de que la descripción relativista del espaciotiempo tiene sus fallos y de que debe formularse una descripción cuántica. Y por tanto también una cosmología cuántica. Es un asunto que también habrá que seguir de cerca en los próximos años.
Por resumir mi pensamiento actual en el tema de este apartado, yo diría que la cosmología física se encuentra en estos momentos en un punto crítico: si en los próximos años se logra averiguar qué cosa pueda ser la materia y la energía oscuras; si se formula una cosmología cuántica que explique, por ejemplo, los fenómenos como el que acabo de mencionar, y de paso proporcione una base física para la hipótesis de la inflación cósmica. Y si los avances que se están realizando en la medición de los parámetros cosmológicos no detectan inconsistencias entre los distintos valores, aumentará mucho nuestra confianza en que por fin tenemos una descripción verosímil de la estructura física real del universo.
Pero si no se resuelven esos enigmas pendientes, y si surgen nuevas dificultades con los parámetros cosmológicos, que nos obliguen a postular más «oscuridades» ad hoc, la cosmología actual podría terminar convirtiéndose en algo no muy distinto de la teoría de los epiciclos de Ptolomeo. Veremos qué pasa.
(CONTINUARA)
Etiquetas: filosofía, Física, Testimonio
miércoles 1 de abril de 2009
ABORTO: ¿UN ASUNTO ESPACIAL?
Voy a mostrar a partir de una hipótesis que la razón profunda del aborto es la situación espacial del que es abortado:
2°) Supongamos que un feto nace prematuramente a los siete meses (dentro del plazo para abortar).
Etiquetas: Bioética

